Inge Nouws

Ada Cruz

Creatividades singulares en La Casa de Carlota

La polifacética artista holandesa Inge Nouws, que inaugurará el ciclo de cursos de invierno de la escuela de mediación literaria Art&Paraula, ha sido la ilustradora invitada en este número de la revista Tantágora. Para que conozcáis un poco más su trabajo, publicamos esta conversación que mantuvimos en su segundo hogar, La Casa de Carlota, un estudio de diseño gráfico que integra creativos con síndrome de Down y autismo, y que se define por sus “diferentes maneras de ver el mundo” y por agrupar “diferentes cerebros y diferentes talentos” ¿Cuál es el resultado? “Creatividad en estado puro”.

En este número de la revista Tantágora ilustras cuatro cuentos. Cuando te llega un encargo como este, ¿cuál es tu proceso de trabajo?

En cuanto me llega un proyecto de ilustración, lo primero que hago es leer el texto y, luego, dejarlo un día o dos en la nevera. Tengo tendencia a obsesionarme con el texto que debo ilustrar, y por experiencia sé que eso no ayuda nada,… ¡me congelo! Pero cuando leo el texto es también cuando arranca el proceso creativo pasivo: poco a poco en mi cabeza empiezan a aparecer dibujos. Al dejar el texto a un lado, me divierto más. Es cierto que a veces se me va la olla, y cuando leo el texto de nuevo me doy cuenta de que he añadido detalles que no existían en el cuento. Pero en un buen proyecto de ilustración siempre hay un margen de interpretación, lo cual da a los dibujantes una libertad importante. Cada ilustrador tiene su propia manera de trabajar. A mí lo que me funciona es no volver a leer el texto durante dos días. Cuando empiezo a dibujar, primero me pongo a abocetar los dibujos que imagino. A partir de ahí, busco la técnica: collages, pintura, tinta china,… Tengo varios estilos. Si un cliente no pide una técnica o estilo en concreto, escojo un estilo en función de cuánto tiempo tengo, el presupuesto y la cantidad de dibujos que tengo que hacer. Si se trata de una ilustración, suelo pintar o hacer un collage. Si se trata de un encargo para un libro de texto, muy probablemente acabe haciendo un trabajo digital, por la gran cantidad de páginas y dibujos.

¿Y qué técnicas has utilizado para las ilustraciones de nuestra revista?

En este caso hice una mezcla de técnicas: pintura, dibujos que pasarán por el escáner. A continuación, el montaje de las composiciones fue un trabajo digital.

En cuanto me llega un proyecto de ilustración, lo primero que hago es leer el texto y, luego, dejarlo un día o dos en la nevera.

Pero no siempre te has dedicado a la ilustración. Durante quince años trabajaste en el sector de la moda infantil ¿Cómo fue el proceso que te llevó a convertirte en ilustradora?

Trabajar en un sector tan comercial donde, además, a menudo no podía tocar ni un lápiz, hizo que empezase a echar de menos mi lado creativo, que cada vez me llamaba más. Por eso, coincidiendo con mi traslado a España, decidí matricularme en un posgrado de ilustración infantil, con la suerte de que conseguí entrar en el mundo profesional mientras todavía estaba estudiando, ya que un cliente que tenía en Holanda me encargó diseñar cinco libros. A partir de entonces, inicié un proyecto internacional de poesía e ilustración para niños que me permitió empezar a explorar el mundo de la gestión cultural. Pero cuando la iniciativa empezó a crecer, me di cuenta de que la parte administrativa me estaba volviendo a alejar de mi lado artístico, y por eso empecé a pintar cuadros. En 2011 hice una residencia de tres meses en la School of Visual Arts de Nueva York y fue allí donde tuve la certeza de que quería ser ilustradora. No obstante, por mucho que me guste la ilustración, esta dedicación no me llenaba del todo, y es por este motivo que, de manera simultánea, abrí el camino de las clases y de los talleres.

Supongo que este nuevo camino es el que te llevó a La Casa de Carlota.

Llegué durante el primer año del proyecto. Gusti me invitó para que le ayudara con los talleres. Con él ya habíamos fundado la asociación Windown, y para mí este mundo ya era muy conocido porque, de hecho, crecí con una hermana con discapacidad y mi madre era música terapeuta. En un momento dado, Gusti decidió irse de La Casa de Carlota y yo me quedé. Creo que este es realmente mi sitio, porque toco todas las áreas donde me siento más cómoda: estoy con la gente, trabajo con chicos con discapacidad, hago ilustración, hay un poco de coordinación y dirección de arte,… Además, montamos exposiciones: ahora, por ejemplo, estamos preparando una con estudiantes de la Escuela Masana, y eso es muy inspirador.

¿Cómo se organiza un estudio de diseño tan singular?

El equipo se compone de cuatro directivos, dos diseñadores gráficos fijos, cinco personas con discapacidad (autismo y síndrome de Down) –que vienen dos veces por semana– y los grupos de arte de los jueves por la tarde. En total seríamos unos treinta, entre gente que va y viene ¡Pero cabemos todos! Cuando nos llegan encargos de los clientes, yo traslado la idea creativa a los chicos, ellos trabajan en ello y, finalmente, pasamos su trabajo a nuestro equipo de diseño profesional para que lo terminen.

yo soy muy improvisadora, y mi trabajo siempre es intuitivo, de modo que a veces veo una obra que hicimos hace dos años y pienso: “¡Qué chulo! ¿Pero cómo lo hicimos?”

Entonces, desde tu papel como mediadora en todo este trabajo en equipo, entiendo que uno de tus principales cometidos es cuidar la comunicación, es decir, pensar en cómo trasladar la idea artística y conectar las diferentes piezas del engranaje. 

Sí, pero también con los clientes que nos hacen el encargo, ya que les explicamos que, si trabajan con nosotros, deben tener en cuenta que el resultado nunca será convencional. Nuestro punto de vista nos viene de las personas con las que estamos trabajando: directo, sin complicaciones, fresco, gracioso, muy obvio. Por ejemplo, cuando estábamos creando el cartel para la Cursa dels Nassos y teníamos que pensar qué frase pondríamos, Gabi, un chico con autismo, propuso: “Quien llega primero es el ganador”. Pues bien, utilizamos esa frase tal cual, porque… ¡no hay más secreto! El que llega primero, gana ¿Para qué complicarlo? [Ríe].

Parece que esta comunicación os funciona, ya que últimamente estáis muy presentes en la prensa, tanto nacional como internacional.

Claro, después hay otro tipo de comunicación: ¿Qué queremos decirle al mundo con nuestro proyecto? El mensaje es que queremos ser un entorno laboral para personas con discapacidad que sea diferente del típico taller ocupacional. Aquí son contratados por sus talentos creativos, han sido seleccionados porque tienen alguna cosa que decir, creativamente hablando. Tienen su estilo propio y por eso sabemos qué trabajo le va mejor a cada diseñador. Es cierto que también hay mucho humor y queremos pasárnoslo bien, porque disfrutar mientras se trabaja es importante, pero no olvidemos que también hay una exigencia profesional.

De hecho, La Casa de Carlota está inspirando otras experiencias similares, ¿verdad?

Yo llegué justo cuando empezaban el proyecto y ahora somos muy emergentes. Hace un par de años se abrió una Casa de Carlota en Medellín (Colombia), y allí el proyecto está creciendo muchísimo. Creo que aquí, poco a poco, hemos ido formando una metodología. Y ahora estamos en el proceso de ponerla por escrito. Si hay más gente que quiere montar su propia Casa de Carlota, les podemos ofrecer todo un procedimiento sobre cómo lo hacemos nosotros.

Por otro lado, yo soy muy improvisadora, y mi trabajo siempre es intuitivo, de modo que a veces veo una obra que hicimos hace dos años y pienso: “¡Qué chulo! ¿Pero cómo lo hicimos?” Y es por eso que tengo que empezar a organizar mis ideas y ponerlas por escrito. De hecho, ya lo vamos publicando todo en Facebook, y a veces me llegan mensajes de diferentes partes del mundo con fotografías de los talleres que otros han montado inspirándose en lo que hacemos aquí. Yo creo que eso es muy importante. Porque, a ver, nadie está inventando la rueda. Yo misma voy coleccionando ideas por todas partes: si visito un museo, si leo un libro, si busco por internet,…

Antes has dicho que, de todas tus ocupaciones artísticas, guiar los talleres es una de las que más te llenan ¿Qué es lo que más te interesa de estas experiencias?

A mí me encanta trabajar con gente que no es artista profesional o que no viene de este ámbito: es mucho más fácil comunicarles una determinada tarea porque no tienen ningún prejuicio. Cuando dirijo el trabajo creativo de gente que no es artista, mi función es abrir una puerta de inspiración y, a partir de aquí, dejar que todo fluya. Cada grupo es diferente y, por mucho que prepare el taller, nunca parto de unas expectativas concretas: voy observando cómo es la dinámica del grupo, cómo interactúan entre ellos, y así voy navegando el barco.

Y ya que hablamos de arte y comunicación, ¿tú qué entiendes por mediación artística?

Para mí, el arte en sí mismo ya lleva implícito el concepto “mediación”. El arte es un medio para comunicar de cualquier manera, y lo mejor es que no tiene manual de instrucciones. Pero sí es cierto que con frecuencia se cruza en nuestro camino una persona que gira la llave, que enciende el fuego,… y puede ser que lo haga una única vez o puede ser que consiga abrirnos todo un nuevo camino hacia el ámbito artístico.

Creo que los artistas siempre debemos partir de querer aportar algo. Como gente creativa, es nuestra obligación compartir y demostrar lo que es posible conseguir con el arte. Porque yo, aquí, en La Casa de Carlota, veo milagros. Todas las semanas salen cosas increíbles, y tengo envidia de cómo la gente que pasa por aquí deja fluir todo sin preocupaciones, sin egos,… ¡es tan liberador! Y lo mismo pasa con las personas que no son artistas: puede ser que haga falta abrir las puertas con más fuerza, pero cuando se dejan ir es un disfrute completo.

Ada Cruz Tienda es doctora en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, máster en Literatura Comparada: Estudios Literarios y Culturales y licenciada en Periodismo por la U