Después de un trimestre leyendo poesía cada día, pasan cosas…
Este curso hemos iniciado un proyecto de promoción del gusto por la lectura en diversas escuelas de Sabadell durante el tiempo del mediodía. Se trata de un proyecto que nos permite trabajar de manera continuada con un mismo grupo de niños a lo largo de todo el curso, lo que favorece la creación de vínculos y procesos a largo plazo.
Cuando empezamos a diseñar las acciones que llevaríamos a cabo, tuvimos muy claro que la poesía debía ser una de nuestras grandes aliadas. Por eso escogimos la antología poética Poesies en suc, de Miquel Desclot, publicada por La Galera, como compañera de viaje. Un libro de 399 páginas que reúne una selección poética muy variada, con poemas de autores catalanes, pero también ingleses, vascos, italianos y de otras procedencias, todos ellos traducidos al catalán con mucho cuidado.
Para iniciar el proyecto formamos un grupo de cinco mediadoras que, cada día de la semana, visitan una escuela diferente. Entre muchas otras propuestas, decidimos que cada sesión comenzaría con la lectura jugada de uno o varios poemas de la antología. Después de un trimestre en las escuelas leyendo poesía cada día, han empezado a suceder cosas. Los niños preguntan qué poema leeremos, algunos quieren ser ellos quienes lo lean en voz alta, hay quienes memorizan las poesías sin que nadie se lo pida, y otros juegan a escoger poemas para recitarlos a sus compañeros.
Leer una poesía cada día lo entendemos como una especie de fitness literario, llenando sus orejas de palabras con ritmo, sonoridad e imágenes sugerentes. Palabras que muchas veces no conocen, pero que, gracias al ritmo y a la repetición, imitan, incorporan y acaban haciendo suyas de manera natural. La poesía se convierte así en una puerta de entrada al lenguaje, sin presión ni exigencias.
La poesía también nos sirve como una herramienta fundamental para crear vínculo entre la mediadora y los niños. Compartir cada día un poema se convierte en un momento de disfrute compartido, un espacio en el que la mediadora se lo pasa bien leyendo, jugando con las palabras y dejándose sorprender por el texto, y en el que los niños perciben ese placer y se suman a él. Les gusta escuchar, pero también participar, repetir versos, jugar con la palabra dicha y hacerla resonar con el cuerpo y la voz. Este tiempo compartido genera confianza, complicidad y una relación afectiva positiva en torno a la lectura.
Además, la lectura diaria de poesía aporta muchos otros beneficios: mejora la escucha y la concentración, estimula la memoria, despierta la sensibilidad estética y favorece la expresión. Los niños aprenden que las palabras pueden servir no solo para explicar cosas, sino también para jugar, imaginar, sentir y compartir. La poesía nos ayuda a construir una relación viva, cercana y placentera con la lectura, que es, al fin y al cabo, uno de los objetivos principales de nuestro proyecto.
Diario de campo es un espacio de reflexión a partir de les vivencias, situaciones, entornos y relaciones del trabajo del día a día en Tantàgora con escuelas e institutos.